Arteriosclerosis

Los trastornos circulatorios arteriales son, en la mayoría de los casos, consecuencia de una arteriosclerosis progresiva (arteriosclerosis). En este proceso, se acumulan productos metabólicos nocivos en la pared arterial. Con la edad, pueden producirse estrechamientos u obstrucciones de las arterias. Los accidentes cerebrovasculares y los infartos de miocardio son las consecuencias más conocidas de este tipo de trastornos circulatorios, ya que órganos sensibles como el corazón y el cerebro necesitan mucho oxígeno; la falta de oxígeno es especialmente perjudicial en estos casos. Pero las extremidades también están en peligro.   
A menudo, varios órganos se ven afectados por un trastorno circulatorio arterial. Los pacientes con trastornos circulatorios en las piernas también tienen un mayor riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular o un infarto de miocardio.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

La hipertensión arterial, la diabetes mellitus, el tabaquismo, los niveles elevados de lípidos en sangre y el colesterol alto, la falta de ejercicio, una alimentación poco saludable y el estrés son factores de riesgo que aceleran considerablemente el desarrollo de la arteriosclerosis, sobre todo porque muchas personas presentan varios de estos factores perjudiciales al mismo tiempo.

¿Qué se puede hacer contra la arteriosclerosis?

Un estilo de vida saludable (alimentación equilibrada, mucho ejercicio, poco estrés) previene la arteriosclerosis. Hay muchas posibilidades de llegar a una edad avanzada sin padecer molestias. Según los conocimientos actuales, la arteriosclerosis avanzada no se puede revertir, pero se puede ralentizar considerablemente su desarrollo e incluso detenerlo, y se pueden aliviar los síntomas. Para ello, es fundamental eliminar de forma sistemática los factores de riesgo: minimice las influencias negativas y refuerce las positivas.  

Acuda regularmente a su médico de cabecera.
Controle y regule adecuadamente la presión arterial, la glucosa en sangre y los niveles de lípidos y ácido úrico. Informe en la consulta de cualquier cambio o nuevo síntoma. Si siente un dolor repentino en el pecho o en la pierna, acuda inmediatamente a la consulta o llame por teléfono.

¡Deje de fumar! Hoy
en día está demostrado sin lugar a dudas que fumar es uno de los factores de riesgo más agresivos para el desarrollo de la arteriosclerosis. ¡Deje de fumar! Como no es tan fácil, pida consejo sobre los programas para dejar de fumar que existen y cómo participar en ellos.  

¡Haga más ejercicio!
Especialmente cuando la enfermedad arterial no está muy avanzada, un entrenamiento regular, constante e intenso puede ser más eficaz que muchos medicamentos. El entrenamiento regular puede lograr que los vasos que rodean al vaso estrechado se dilaten y puedan transportar más sangre rica en oxígeno a los músculos. Sin embargo, para ello debe ser constante y entrenar con regularidad. Pida consejo sobre cómo encontrar grupos de ejercicio vascular y cómo participar en ellos. La mayoría de las compañías de seguros médicos participan en los gastos. 

Aliméntese correctamente
Siga una dieta sana, equilibrada y baja en grasas. Además, beba siempre cantidades suficientes (al menos 2,5 litros de líquido al día), pero evite el alcohol en la medida de lo posible.

El cambio de estilo de vida merece la pena: el entrenamiento regular (caminar) junto con una dieta equilibrada y la medicación adecuada mejorarán significativamente su calidad de vida, detendrán la arteriosclerosis y, con suerte, harán innecesarias las intervenciones. Si, a pesar de todo, la enfermedad sigue avanzando, será necesario realizar una intervención para restablecer la permeabilidad de las arterias, ya sea de forma endovascular con ayuda de un catéter o mediante una operación abierta. En cirugía vascular le asesorarán al respecto.